Esta semana recordé los besos, esos que me hacían volar un rato a pesar de pisar la tierra más movediza de todas. Unos labios como grandes pedazos de caramelos, blandos como una goma y tan ricos como la miel misma.
Pero de qué sirve hablar así de tus labios si siempre te quejaste de los míos.
De que sirve sentir lo que siento por ti si a ti solo te aburre ese sentimiento.
Las mujeres más fuertes son las que tienen el corazón más roto, porque no demuestran su dolor, prefieren quedarse calladas y no pasar la burla más cruel de desamor y de la traición.
Preferí y prefiero ser la cursi por ahora, porque creo que calma un poco el despecho que sentí y el orgullo que se volvió en una leve depresión.
También recordé como me perdía en tus labios, en tus grandes labios. Me perdía en tus ojos cuando me mirabas enamorado, tal vez sólo fueron instantes que no volviste a sentir más, pero esos momentos los sentí eternos y plenos, que le dieron un poco más de chispa a mi vida y a mi frío corazón.
Quiero decirte que si lees esto, aunque tal vez me vea como la mujer más idiota y estúpida del mundo, te burles y simplemente no sepas apreciarlo, que aún te quiero, que te estoy esperando, que no te hablo porque me lo pediste en tu silencio y que tal vez cuando decidas regresar, yo ya no esté para ti más.
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