Perdía la mirada cada vez que recordaba.
Tenía la memoria llena de recuerdos que tenían comienzo en la infancia.
Feliz, escribía lo que nunca pudo volver a sentir.
Así podía encontrar en sus sueños episodios de su alma pasada.
El alma que ya no podía recordar, pero que aparecía cada vez que el corazón se le volvía a armar.
Ya que estaba partida a la mitad o tal vez en pedazos de nunca acabar.