Aún hoy sigo, sigo pensando en ti.
Recordé cuando rozaste mi espalda, y mi piel se erizó, haciendo que me aferrara a ti.
El abrazo que hacía ir al estrés por un minuto, que me quitaba todas las alergias, gripes, toz, dolores de cuerpo, sólo por el hecho de estar junto a ti, y sé que también lo sentías, como esa primera vez que hice que tu fiebre se fuera a una esquina por al menos 3 o 4 horas, porque sólo te quería para mi.
Te quería para mi porque escuché tus lágrimas, y viste las mías, la cura de tus besos hacían que me sintiera inmortal, suena demasiado cursi e idiota, pero así era, lo fui también, pero no sabes como me encantó serlo.
Pensé en nuestras conversaciones diarias, desde el primer día, hablábamos minutos, horas, días y semanas sin parar, diversos temas que temía que algún día se acabaran. Una vez me pregunté: Hablo tanto con él, que no sé cómo será el día que deje de hacerlo, ¿me sentiré mal? ¿estaré normal?, pues la verdad es que ninguno de los dos, sólo sentí que arrancaron un pedazo de mi hinchado corazon de ese momento, porque fue así, sólo que ahora está más pequeño, y así está bien.
Tengo la esperanza de que alguien más pueda hacer que todo mi cuerpo, mi alma y mi corazón puedan volver a sentir algo así, algo tan profundo, sincero, como un amor de obras antiguas, o como Eva Luna que descubrió el amor, pero alguien más la encontró a ella, y fue con él con quien Eva se quedó, con su alma gemela, con la persona con quien ella esperó volver a sentir ese sentimiento, más una amistad, conexión, y un poco de costumbre, pero sin aburrimientos.
Nadie me pregunta si te extraño, si extraño estar enamorada, si extraño perder el tiempo siendo feliz con alguien, sólo me preguntan, ¿Ya conociste a alguien más? Y sólo les digo: No lo sé, pero muero por hacerlo.
Visitas
martes, 27 de octubre de 2015
Aún hoy, mi amor
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario